Ruta de los Zumaques

 

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          Vistoso periplo otoñal por las estribaciones de Sierra Sur jiennense, concretamente por las cercanías de la localidad de Alcalá la Real. Y tan cercanías refiero, que la ruta puede considerarse como periurbana. 
         La idea primigenia era disfrutar de los colores otoñales de los zumaques, arbusto que se cultivó en tiempos en la zona de los tajos de Charilla para obtener tintes destinados al curtido del cuero. A eso le sumamos la magnífica aportación del paseo por los Llanos, un páramo amesetado junto a Alcalá con excelentes vistas a Sierra Sur, Sierra Nevada, la campiña de Martos y el icono alcalaíno, la fortaleza de la Mota que no dejaremos de visualizar en todo el recorrido. Además, el filo de los Llanos se encuentra salpicado de algunos lugares entrañables, pequeñas ermitas miradores que parecen puestas exprofeso para descansar y contemplar el panorama. 
Iniciamos la ruta en la estación de autobuses, dirigiendonos al centro de salud y al cercano helipuerto. De ahí, ascenderemos a un espigón sur de los Llanos que nos servirá de primer mirador del casco urbano alcalaíno. Por senderos y en dirección N llegaremos a la Cruz del Rayo, bellísimo mirador de la fortaleza que antecede a la primera ermita que visitaremos, la de la Verónica. Continuaremos por el filo de poniente hasta alcanzar, junto a unas inconmensurables antenas, la segunda de las ermitas, la de Fátima. Desde aquí alcanzaremos una zona central de los Llanos desde donde contemplaremos los valles y aldeas que circundan la urbe, Santa Ana, Fuente del Rey, y en la lejanía Sierra Nevada, la Parapanda, la Tiñosa,... Nos dirigimos al camino de San Marcos y pasamos por una puerta que debemos dejar cerrada ya que nos advierte de la existencia de animales sueltos en el interior. Por el camino no deja de sorprendernos el meticuloso amojonamiento de piedras en toda la zona y que nadie ha sabido explicarnos razonablemente y con rotundo dar. Alcanzamos los tajos de Charilla, donde encontramos el punto más elevado de la ruta así como una preciosas vistas al N de esta planicie, con la localidad de Charilla y las alturas de La Martina y el Marroquí. Al fondo parece adivinarse la peña de Martos cerrando la campiña. Por este filo divisamos a nuestros pies los zumaques con la diversidad de tonos que los caracteriza. En ellos nos introduciremos por una senda encantada, utilizada de antíguo para los cultivadores de esta variedad de arbusto. Tras empaparnos en los zumaques, salimos al olivar y ponemos rumbo a Alcalá, pero la casualidad hace que nos crucemos con el artífice de una poco conocida y valorada obra, una casa excavada en una de las grandes rocas que se desprendió y rodó en su dia hasta las olivas. maravilloso y duro trabajo que tiene como satisfacción el poder mostrarla. Tras agradecer la deferencia al propietario, continuamos hasta la tercera ermita, la de San Marcos donde ganamos de nuevo unas excelentes vistas del nucleo urbano y la fortaleza dominándolo. Después de un descanso comenzamos a descender introduciéndonos por las calles de Alcalá, pasando por la imponente iglesia de la Consolación, que alberga a Nuestra Señora del Rosario, el Ayuntamiento y el amplio parque, hasta el lugar don de iniciamos la ruta, para darla por finalizada.